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domingo, 3 de abril de 2011

Sobre la amistad

 
De Sandra Barrozo. Ver más en: http://bienvenidacassandra.blogspot.com/

Gilles Deleuze y Félix Guattari, en la Introducción de ¿Qué es la filosofía? se valen de la famosa etimología del filósofo como el “amigo de la sabiduría”, para luego afirmar la filosofía como aquella actividad que consiste en crear conceptos. Por tanto el filósofo se vuelve también el amigo del concepto. ¿Pero qué es un amigo?

Nietzsche, en su libro Así habló Zaratustra, pone de relieve esta diferencia que el amigo es respecto del sí mismo:

“Uno siempre a mi alrededor es demasiado” – así piensa el eremita. “Siempre uno por uno - ¡da a la larga dos!”
Yo y mí están siempre dialogando con demasiada vehemencia: ¿cómo soportarlo si no hubiese un amigo?
Para el eremita el amigo es siempre el tercero: el tercero es el corcho que impide que el diálogo de los dos se hunda en la profundidad.”
Nietzsche diferencia entre el “yo” y el “mí”, distinguiendo dos sujetos, un sujeto de lenguaje (o sujeto del enunciado) que dice “yo” y un sujeto de experiencia al que algo le pasa, (“mí”, o sujeto de enunciación). Si seguimos la idea de Deleuze y Guattari del filósofo como amigo de la sabiduría, ésta ocuparía aquél tercer término que se encuentra entre “yo” y “mi”, que nos permite soportar ese diálogo, diálogo que se ahogaría en sí mismo, que caería en una agujero.

Deleuze y Guattari dicen que Maurice Blanchot es uno de los escasos pensadores que se ocupan del sentido de la palabra “amigo” en filosofía. Dice Blanchot, en su libro titulado La amistad:

“Tenemos que renunciar a conocer a aquellos a quienes nos liga algo esencial; quiero decir que tenemos que acogerlos en la relación con lo desconocido en donde ellos a su vez nos acogen también, en nuestra lejanía. La amistad, esta relación sin dependencia, sin episodio, y en donde entra sin embargo toda la simplicidad de la vida, pasa por el reconocimiento de la extrañeza común que no nos permite hablar de nuestros amigos, sino tan sólo hablarles, no hacer de ellos un tema de conversación (o de artículos), sino el juego del entendimiento en el que, al hablarnos, aquéllos reservan, incluso en la mayor familiaridad, la distancia infinita, esta separación fundamental a partir de la cual aquello que separa se convierte en relación. Aquí la discreción no está en el simple rechazo a hacer confidencias (lo cual verdaderamente sería muy grosero, y ya el hecho mismo de pensar en eso), sino que es el intervalo, el puro intervalo que, de mí a ese otro que es un amigo, mide todo lo que hay entre nosotros, la interrupción de ser que no me autoriza jamás a disponer de él, ni de mi saber de él (aunque sea para alabarlo) y que, lejos de impedir toda comunicación, nos pone en relación al uno con el otro en la diferencia y a veces en el silencio de la palabra”.
Independientemente de la conceptualización de Deleuze y Guattari sobre el amigo como un personaje conceptual de la filosofía, ¿qué piensan de estas dos formas de entender el amigo, la de Nietzsche y la de Blanchot?